El límite entre sustancia blanca y gris está menos definida en niños (izquieda) que adultos (derecha).
Hasta los tres años, la plasticidad de las neuronas es máxima
El cerebro adquiere el 80% de su tamaño adulto a los cuatro o cinco años
Nacemos con un número finito de células nerviosas, que irán desapareciendo
María Valerio | Madrid
ELMUNDO.es
Siempre se dice que los niños son como esponjas, que los idiomas se
aprenden mejor cuando somos pequeños, que la plasticidad del cerebro en
la infancia es irrepetible... Pero, ¿qué hay de cierto en todo ello? Nos
adentramos en el cerebro de un niño.
Como explica el doctor Emilio Rodríguez Ferrón, jefe del servicio de
Pediatría del Hospital Perpetuo Socorro de Alicante, el ser humano nace
con un número de neuronas finito, más de cien mil millones que -a partir de ahí- se irán reduciendo hasta el fin de nuestros días.
Sin embargo, es durante los primeros años de vida cuando estas
neuronas se organizan y comienzan a establecer conexiones entre ellas
(las denominadas sinapsis) a una velocidad irrepetible. Además, aunque
no crecerán nuevas células nerviosas, es durante la infancia cuando
estás células se mielinizan: es decir, desarrollan completamente la
mielina, la sustancia que las recubre y permite que establezcan conexiones unas con otras. "Sin mielina el impulso eléctrico no funciona bien", resume.
Por este motivo, Rodríguez Ferrón divide el desarrollo cerebral de la
infancia en dos etapas. Desde el nacimiento hasta los tres años,
explica este neuropediatra a ELMUNDO.es, es cuando el cerebro tiene su máxima plasticidad,
las regiones cerebrales son capaces de adaptarse e incluso ejercer las
funciones de otras regioas están dañadas por cualquier motivo.nes si ést
Un cerebro que se expande
Hasta los seis años, prosigue este especialista, "el cerebro sigue
adquiriendo habilidades pero sobre una estructura anatómica ya
definida"; de manera que a esa edad puede darse por concluido el proceso de desarrollo cerebral.
Pero no sólo las neuronas se desarrollan, se recubren de mielina y se
conectan entre ellas (a los tres años habrán establecido 1.000
trillones de conexiones); también el aspecto del cerebro cambia en los primeros años de vida.
En primer lugar, y es lo que antes salta a la vista, crece en tamaño
y se proporciona con el resto del cuerpo. El cerebro representa un
tercio de todo nuestro organismo en el momento en que nacemos, y
alcanzará casi el 80% de su tamaño adulto entre los cuatro y cinco años.
Parte de ese crecimiento se debe a la propia mielina, que aumenta su
volumen, así como a las neuronas, que se expanden para extender sus
ramificaciones.
Como prosigue el neuropediatra de Alicante, también existen algunas
diferencias entre la sustancia blanca de un niño y un adulto (en el
primero ocupa menos espacio en el cerebro); mientras que en el caso de
la sustancia gris, permanece prácticamente igual.
Precisamente, un estudio publicado en 2010 en la revista 'Proceedings of the National Academy of Sciences'
concluyó que las regiones cerebrales que más se desarrollan durante la
infancia son las mismas que diferencian al ser humano de los primates.
Según explicaba el equipo de Terrie Inder, aunque todas las áreas
cerebrales crecen a medida que este órgano madura, las que más se
expanden son aquellas en las que tienen lugar las "funciones mentales
más elevadas" (como el lenguaje o el pensamiento), es decir las regiones temporal lateral, parietal y frontal.
Desarrollo por áreas
Y aunque no habían diseñado su trabajo para dar respuesta a esta
pregunta, se atreven a aventurar que el retraso en el desarrollo físico
de estas zonas puede deberse a la necesidad de limitar el tamaño del
cerebro en el momento de nacer para que éste pueda pasar por el cuello
del útero materno en el parto. O, simplemente, que sea una cuestión de
prioridades: "Al nacer, la visión es vital porque el bebé la necesita
para mamar y reconocer a su madre; mientras que otras funciones más
desarrolladas no serán necesarias hasta que el niño vaya madurando".
Pero si alguien ha destacado en las últimas décadas a la hora de
adentrarse en la mente de los niños, esa ha sido Elizabeth Spelke, de la
Universidad de Harvard (EEUU), que lleva treinta años haciendo
experimentos para demostrar que incluso los recién nacidos tienen una
especie de 'conocimiento innato' a partir del cual desarrollamos el resto de nuestras habilidades.
Spelke ha demostrado que, entre esas capacidades que el cerebro
infantil trae 'de serie' destaca una cierta capacidad numérica (bebés de
sólo un mes son capaces de distinguir un grupo de cuatro sonidos de
otro de 12); son conscientes de la solidez de los objetos o de que
prefieren interactuar con personas que con objetos inmateriales.
Pero a pesar de todos estos avances, el cerebro sigue siendo un gran
desconocido. De hecho, en EEUU, se lleva a cabo un experimento que
evaluará desde su nacimiento hasta los 18 años a 564 niños de todo el
país. Mediante imágenes de resonancia magnética, el proyecto Brain-Child, pretende estudiar cómo se desarrolla y organiza este misterioso órgano de traje gris.
Las imágenes en los paquetes de
cigarrillos, como las de pacientes con ventilación asistida, sí ayudan a
que los fumadores atiendan las advertencias de riesgos a la salud,
revela un estudio en Estados Unidos.
El estudio mostró que una imagen ayuda al fumador a recordar la advertencia de riesgos de salud.
La investigación, que involucró a 200 fumadores,
encontró que 83% fueron capaces de recordar la advertencia de salud
cuando ésta iba acompañada de una imagen.
Cuando había sólo texto, el 50% de los fumadores vio la advertencia de salud.
El estudio, publicado en American Journal of Preventive Medicine
(Revista Estadounidense de Medicina Preventiva), utilizó tecnología de
seguimiento de los ojos para medir cuánto tiempo pasaban los fumadores
viendo cada parte de un anuncio de tabaco que contenía advertencias de
riesgos a la salud.
Después de mirar el anuncio se pidió a cada
participante que escribiera la advertencia que había leído, para ver si
recordaba la información.
Más atención
Los resultados mostraron que entre más rápido
llegaban los ojos del fumador al texto en la advertencia gráfica y entre
más tiempo pasaban viendo la imagen, más probabilidades de recordar la
información correctamente.
El doctor Andrew Strasser, profesor asociado de
psiquiatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania,
quien dirigió el estudio, afirma que estos resultados son importantes.
"Además de mostrar el valor de añadir un
etiquetado con advertencia gráfica, este estudio también ofrece
información importante sobre la efectividad de las etiquetas de
advertencia", señala el científico.
"Esto podría servir para crear advertencias más efectivas en el futuro" agrega.
El doctor Strasser dice que espera que los
etiquetados gráficos ayuden a la gente a estar más informada sobre los
riesgos de fumar y esto pueda conducir a una decisión para dejar el
hábito.
Varios países, incluido el Reino Unido, están
considerando cambiar la forma como se presentan los productos de tabaco y
si deben venderse en paquetes estandarizados.
También se está explorando la posibilidad de que
los paquetes no tengan marcas y de que se utilice un solo color para
todas las marcas, con letras y texto estándar y con imágenes en cada
paquete.
La industria tabacalera, aunque dice recibir
positivamente la consulta, afirma que no hay evidencia confiable de que
dichos paquetes estandarizados logren reducir las tasas de tabaquismo
entre los jóvenes.
En Estados Unidos, los funcionarios de salud ya
ordenaron que los paquetes de tabaco aparezcan con un etiquetado que
incluya advertencias gráficas a partir de septiembre de este años.
Pero las compañías de tabaco están desafiando la decisión en los tribunales.
Australia es actualmente el único país que ha
acordado vender estos productos en paquetes estandarizados y también
impuso una prohibición en la presentación de marcas en estos paquetes.
Comprueban que la comida influye en el bienestar mental
Por Gisele Sousa Dias CLARIN.com
Arman un menú para mantener el cerebro sano. Lo reveló un
grupo de investigadores italianos. Alimentos como el pescado, las
nueces, el té verde, el vino y el chocolate estimulan la memoria, previenen el envejecimiento y favorecen las funciones cognitivas.
Un equipo italiano de médicos y psicólogos armó un “menú del bienestar mental”. Es decir, un menú con los alimentos que deberíamos incorporar a nuestra dieta para tener un cerebro sano
: pescado, nueces, curry, té verde, chocolate, vino, leche, vegetales,
espárragos, espinacas, menta y salvia, son algunos de ellos. Los
expertos locales explican por qué.
“El salmón, el atún y la
trucha son fuente importante de ácidos grasos poliinsaturados de omega
3, por lo que se asocian con la protección de la salud cardiovascular,
el desarrollo y función del sistema nervioso y favorece las funciones
cognitivas, como la memoria ”, explica Sol Vilaro, Jefa del área
de Nutrición del Instituto de Neurología Cognitiva. “Otros alimentos
ricos en omega 3 son el aceite de canola, el de soja, las almendras y
las nueces”.
Además de su efecto antidepresivo y hasta para
combatir el déficit de atención en chicos, “con los omega 3 tenemos
buena calidad de neuronas, prevenimos la aterosclerosis, disminuimos los
infartos y los accidentes cerebrovasculares”, agrega Silvio Schraier,
presidente de la Fundación Argentina de Nutrición: “Si se va a cocinar
pescado es importante hervirlo o hacerlo al vapor porque estos ácidos grasos pierden los beneficios si se los cocina mucho”. Lo ideal es comer pescado tres veces por semana.
¿Por
qué curry? “En la India la incidencia de Alzheimer es de 1/10 respecto
del resto del mundo. La cúrcuma, uno de sus componentes, protege de enfermedades degenerativas
por su efecto antiinflamatorio y su capacidad de disminuir la proteína
que forma las placas que atacan el cerebro en el Alzheimer”, dice
Mónica Katz, directora de Nutrición de la Universidad Favaloro. Lo
ideal: una cucharada cuatro veces por semana.
Las opciones
también incluyen al té verde, “un antioxidante involucrado en la
supervivencia celular neuronal y en la mejoría de la memoria de
trabajo”, dice Katz. “El chocolate, además de antioxidantes, contiene
serotonina –asociada a la relajación y el buen humor– y feniletilamina y
anandamida, ambas con efecto estimulante”, agrega. ¿El consejo? Una
barrita de chocolate amargo de 15 gramos.
El “menú para el
cerebro”, que los científicos italianos presentaron en una cena en
Castillo de Casiglio en Erba (Como), sigue con una copa de vino tinto
cuatro veces por semana: “La razón es que el vino tinto contiene
Resveratrol, que estimula la captura del conocimiento ”, explica
Schraier. La vitamina E no sólo está en los espárragos, espinacas y
paltas sino “en los aceites vegetales y en los frutos secos. Se trata de
un potente antioxidante que previene el envejecimiento precoz de las
membranas celulares del cerebro”, sigue Vilaro.
Y suma otros
alimentos que ayudan a la mente: “Las verduras de hoja y las lentejas
aportan ácido fólico, un nutriente implicado en la reducción del riesgo
de presentar deterioro cognitivo. Arándanos, moras, grosellas,
frambuesas y frutillas protegen al cerebro de afecciones relacionadas
con el envejecimiento. Y los cortes magros de las carnes rojas aportan
hierro, un mineral que colabora en el transporte de oxígeno hacia los
tejidos, entre ellos, el cerebral”.
Un yogui consulta su móvil en la India.| Gurinder Osan
Crece el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono: nomofobia
Consultamos el móvil una media de 34 veces al día
Los teléfonos inteligentes han disparado el problema, sobre todo en jóvenes
María Valerio | Madrid
¿Es usted de los que regresa a medio camino si se le olvida el móvil
en casa? ¿De los que no lo apaga ni para entrar al cine y lo consulta si
nota la vibración durante la película? ¿Se lo lleva consigo al baño? Si
ha respondido afirmativamente a todas estas preguntas es más que
probable que sufra nomofobia, un miedo irracional a vivir con el
teléfono apagado.
Algunas encuestas cifran entre el 53% y el 66% el porcentaje de
españoles aquejados de este nuevo miedo irracional que, según datos del Centro de Estudio Especializados en Trastornos de Ansiedad, ha aumentado un 13% en los últimos años debido a la expansión de los teléfonos inteligentes.
"La dependencia del móvil es un fenómeno social", admite el psicólogo
Javier Garcés, experto en Psicología del Consumo y sus adicciones.
"Hemos creado una sociedad en la que se necesita el móvil para todo, los
padres les dicen a sus hijos que llamen cuando lleguen a un sitio,
tenemos que estar localizados en todo momento, en la calle ya no hay
cabinas...".
Por eso, admite, es difícil distinguir esta dependencia social de una
adicción real. "En los casos patológicos, en los que esa dependencia
genera ataques de ansiedad, pánico, irritabilidad... la diferencia está
clara. Pero en los 'pequeños' ataques de ansiedad la diferencia no lo es
tanto", reconoce. "La nomofobia no está catalogada como trastorno
psicológico como tal, ni siquiera lo está todavía la adicción al móvil",
aclara por su parte José Antonio Molina, psicólogo responsabe de psicohealth.com; "eso no quiere decir que el cuadro no exista, y que dentro de unos años lo estemos tratando en las consultas".
A su juicio, la nomofobia sería un síntoma más a valorar dentro de un
cuadro adictivo, en el que cita algunos signos de alerta más. "Como
pasar cada vez más tiempo conectados, perder el control, que el hábito
empiece a generar consecuencias negativas, repercusiones económicas,
cuadros depresivos y, finalmente, síndrome de abstinencia". Es decir,
nomofobia o nerviosismo al estar separados del aparato.
Sin batería, sin saldo...
La llamada nomofobia (un término derivado del inglés, no-mobile-phone
phobia) es una parte más de esas nuevas adicciones tecnológicas,
admiten los especialistas, en las que los límites cada vez están más
difuminados. Antes, aclara Garcés, se distinguía el 'enganche' al móvil,
a internet, a los videojuegos... Pero la llegada de los teléfonos
inteligentes, que permiten tener todo junto en el bolsillo, está
difuminando estos límites.
De hecho, aplicaciones de mensajes instantáneos, como WhatsApp, está
detrás del aumento de la nomofobia, especialmente entre los jóvenes, el
grupo de edad más afectado por este problema. "Precisamente estamos
viendo que el problema de adicción al móvil se da en personas que no
esperan necesariamente una llamada importante (por motivos de trabajo,
por ejemplo); sino en sujetos que desarrollan una relación no utilitaria
con el teléfono".
Esa preocupación por estar desconectado se traduce en un mirar
constantemente el aparato (una media de 34 veces al día, según datos de
la empresa SecurEnvoy), en no apagarlo nunca, no poder dejárselo
olvidado en casa, en tener que contestar inmediatamente cualquier
llamada o mensaje entrante, revisar a cada minuto el nivel de batería...
Esta misma compañía descubrió el 75% se acompañaba del celular en sus
visitas al servicio.
En el Reino Unido, una encuesta realizada por YouGov
elevaba el porcentaje de nomofóbicos al 85% (e incluso al 98% en el
caso de las mujeres). Según este análisis, el 83% respondió que el
principal motivo de ansiedad cuando tenía el móvil apagado era por no
poder tener contacto con familia y amigos.
Según diversos análisis, el mayor riesgo está en la población de 18 a
25 años (en este grupo, sólo el 2% usa el teléfono exclusivamente para
hablar), aunque los psicólogos parecen coincidir en que existen ciertas
personalidades adictivas, con mayor tendencia a sufrir este tipo de
problemas. "Personas con déficit de habilidades sociales, que se sienten
más cómodos interactuando con los demás a través de la tecnología, con
cuadros depresivos...", apunta Molina. En los casos más graves, la
nomofobia y otras adicciones tecnológicas pueden llegar a interferir con
la calidad del sueño.
La Nación entrevistó a científicos de la Argentina,
Estados Unidos e Inglaterra para determinar si es cierto, como se ha
afirmado durante años, que las nuevas tecnologías afectan nuestras
funciones intelectuales, y cómo lo hacen. La respuesta es asombrosa.
Por Débora Slotnisky| LANACION.com
Según la teoría de la evolución, el hombre está en
constante cambio. Aunque muchas veces sea imperceptible, las
modificaciones se van dando en función del entorno.
Con la masificación de Internet, las redes sociales, la
telefonía celular, la cotidianidad se ha visto radicalmente modificada
durante los últimos años. Por ejemplo, antes recordábamos con facilidad
muchísimos números telefónicos, y ahora no es disparatado encontrar
hasta nuestro propio número agendado en nuestro celular.
El Prof. Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología
Cognitiva de Fleni e investigador independiente del Conicet, explica
este fenómeno: "Las nuevas tecnologías cambian paradigmas. De esta
manera, las formas de procesamiento que eran habituales en generaciones
anteriores se alteran; es decir, si en el pasado el procesamiento de la
información era más lineal, actualmente es en paralelo, por eso una
persona puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones a través de
Twitter, SMS y chat, sin inconvenientes".
Plástico como el cerebro
"La ortografía y escritura también se están alterando, y
esto se evidencia a simple vista cuando se observa cómo escriben los
más jóvenes. Esto no quiere decir que estén mermando las capacidades
lingüísticas, simplemente hay un cambio comparado con el pasado",
ejemplifica la Dra. Alba Richaudeau, neuropsicóloga del Hospital Austral
y del Instituto Argentino de Psicología Aplicada (Iapsa).
Por su parte, la Dra. Tracy Alloway, experta en
psicología cognitiva de la Universidad de Stirling, en Escocia, realizó
un estudio para analizar el impacto de las aplicaciones tecnológicas en
la memoria del trabajo , es decir, los procesos cerebrales
involucrados en retener información durante un período corto y cómo
manipulamos esta información. Esta memoria, además de almacenar los
recuerdos, nos ayuda a utilizarlos para relacionar datos y resolver
problemas.
Dra.
Alba Richaudeau, neuropsicóloga del Hospital Austral y el Instituto
Argentino de Psicología Aplicada (Iapsa). Foto: LA NACION / Hernán
Zenteno
"Los cerebros de los niños, por
su relación con las nuevas tecnologías y por la evolución propia del
hombre, tienen diferencias respecto de los cerebros de las generaciones
anteriores, por eso es indispensable cambiar el sistema educativo, que
está prácticamente obsoleto. Nosotros aprendimos acumulando datos y lo
valioso era saber muchas cosas. Sin embargo, hoy los datos están
accesibles todo el tiempo, de modo tal que ya no es un valor para el
cerebro el acumular información", sostiene la Dra. Alba Richaudeau,
neuropsicóloga del Hospital Austral y el Instituto Argentino de
Psicología Aplicada (Iapsa).
A tal fin, Alloway reunió a 104 estudiantes
universitarios y a 284 adultos, de entre 18 y 30 años. A esos dos grupos
los dividió en dos equipos. Por un lado, los que llevaban más de 12
meses usando Facebook y por el otro, los que contaban con menos tiempo
en esa red social. Se sometió a todos los participantes a distintas
pruebas vinculadas con la memoria y el lenguaje. Los resultados
obtenidos indican que los del primer grupo tuvieron una mayor puntuación
en todas las pruebas en comparación con los del segundo.
"De esta manera pudimos observar que el acto de
comprobar el estado de un amigo y sus actualizaciones en Facebook fue un
importante predictor del coeficiente intelectual verbal. Esto es así
porque cuando una persona está usando Facebook tiene que tener en cuenta
la nueva información de su amigo (es decir, el estado de actualización)
y descartar el conocimiento previo acerca de dicho individuo. De esta
manera es posible que usar Facebook sirva para aumentar las capacidades
cognitivas como la memoria de trabajo y el coeficiente intelectual
verbal", dijo en diálogo con La Nacion.
Además, Alloway está analizando
el impacto de aplicaciones populares como YouTube y Twitter en la
memoria de trabajo. Según los primeros resultados del estudio, tales
aplicaciones estarían disminuyendo dicha habilidad: "Mis conclusiones
indican que estas herramientas podrían estar perjudicando las
capacidades del ser humano, que existe la posibilidad de que este tipo
de tecnología pueda dañar nuestra memoria de trabajo ya que nos insta a
realizar actividades muy breves y cortas. Con Twitter, que se basa en
mensajes de 140 caracteres, utilizamos muy poca información en cada
mensaje. De esta manera no estamos usando la memoria ni la capacidad del
lenguaje tal como lo hacíamos en el pasado, y lo mismo sucede con el
uso de los mensajes de texto. Por otro lado, cuando una persona está
usando Facebook tiene que tener en cuenta la nueva información de su
amigo (que sería el estado de actualización), y descartar el
conocimiento previo acerca de dicha persona. De esta manera es posible
que el acto de usar Facebook sirva para aumentar las capacidades
cognitivas como la memoria de trabajo y el coeficiente intelectual
verbal", sostiene.
Dra. Marcela Cohen, neuróloga de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina. Foto: LA NACION / Ignacio Colo
Con respecto a estas conclusiones, el médico de Fleni
advierte: "Si uno evalúa las funciones cognitivas en forma aislada,
puede decir que el impacto es positivo o negativo. Por ejemplo, si
analizo el efecto de los buscadores de Internet puedo afirmar que
alteran de alguna manera nuestro cerebro, ya que la memoria episódica
(que es un sistema de memoria explícita y declarativa que se utiliza
para recordar experiencias personales enmarcadas en nuestro propio
contexto, como es el hecho de recordar números de teléfonos) se vuelve
menos efectiva que antes, pero si lo analizo en el nivel global, sin
duda se trata de un impacto positivo, porque rescato que las redes
sociales como Facebook nos facilitan la memoria operativa porque nos
permite interrelacionar situaciones, mientras que Twitter, por sus
características de instantaneidad y linealidad, pone al cerebro en
contacto con infinidad de personas que discuten una misma información".
En este sentido, una investigación publicada en la revista Science
a mediados de 2011 sugiere que cuando las personas confían en tener
acceso futuro a la información tienen menor recuerdo de los datos, pero
mayor de la fuente de esa información. Este estudio asegura que Internet
se ha convertido en la fuente primaria de memoria externa. Al respecto,
el experto de Fleni opina: "Estamos ante un problema si la actividad
que antes tenía el cerebro ahora se la delegamos a los aparatos, dejando
al órgano inactivo. Pero si descargo parte de mi memoria en Internet
para poder usar mis capacidades para interactuar y procesar diversas
informaciones, entonces el efecto es positivo. Antes teníamos una
capacidad mucho más limitada para ubicar y manejar información. Ahora
tenemos más acceso y mayor capacidad para procesar y relacionar mucha
información. Definitivamente, no es que el cerebro deja de trabajar,
sino que lo hace de otra manera".
El Efecto Google
Los motores de búsqueda tienen un impacto fundamental
en el funcionamiento de nuestro cerebro. Los expertos denominan Efecto
Google al fenómeno por el cual la población ha comenzado a utilizar
Internet como su banco de datos. De esta manera, las computadoras y los
buscadores se han convertido en una especie de sistema de memoria
externa al que puede accederse a voluntad del usuario y al que la
memoria humana se está adaptando.
"Este alejamiento de la memorización en última
instancia puede ayudar a la gente a mejorar su comprensión, porque la
memoria es mucho más que la memorización, y el Efecto Google nos permite
liberar más espacio en nuestros cerebros para orientarlo más al
procesamiento de información", asegura Alloway.
Prof.
Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva de Fleni e
investigador independiente del Conicet. Foto: LA NACION / Diego
Spivacow/AFV
"Cuando usamos el GPS dejamos de estimular nuestro cerebro para crear una estrategia para desplazarnos de un punto a otro". , subraya la Dra. Marcela Cohen, neuróloga de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina.
"Está claro que hoy, el Efecto Google es la forma
actual de acopio de datos. Si bien puede verse como detrimento para el
ejercicio de la memoria, desarrolla otras áreas como la creatividad y
asociación rápida, y la posibilidad de realizar lecturas simultáneas. El
acceso instantáneo a la información variada permite la comparación, la
asociación de ideas, y estimula la flexibilidad cognitiva mediante la
utilización de juegos y programas informáticos. El cerebro tiene muchas
funciones, una es la memoria. Si bien ésta es la que parece descansar
en el nuevo escenario, otras como la rapidez visual y motora, la
deducción, la concentración y la atención utilizadas en Internet son
propiciadas como una forma de gimnasia cerebral", destaca la Dra.
Marcela Cohen.
Mentalmente social
Casi el 40% de los argentinos tiene una cuenta en
Facebook, según un reciente estudio de la consultora eMarketer, que
vaticina que para 2014 existirán 17 millones de personas registradas en
esta red social. Con estos datos, el país se coloca como el tercero a
nivel mundial con mayor penetración y como líder en América latina.
"Hay evidencia de que los individuos que están más
conectados socialmente pueden retrasar la pérdida de memoria en la edad
avanzada", dice Alloway, y explica que, por ejemplo con el uso de
Facebook, la memoria de trabajo puede ser estimulada y mejorada a
cualquier edad, obteniendo un impacto enorme en las capacidades
cognitivas y de aprendizaje.
"Las nuevas tecnologías cambian
paradigmas. De esta manera, las formas de procesamiento que eran
habituales en generaciones anteriores empiezan a cambiar, es decir, si
en el pasado el procesamiento de la información era más lineal, hoy el
cerebro trabaja de otra manera, por eso las conversaciones hoy no son
lineales, sino que se dan en paralelo, motivo por el cual una persona
puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones diferentes a través
de Twitter, SMS y chat, sin inconvenientes", advierte el Prof. Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva de Fleni e investigador independiente del Conicet.
Tracy Alloway, experta en Psicología Cognitiva de la Universidad de Stirling, en Escocia.
El investigador Ryota Kanai, del Instituto de
Neurociencias Cognitivas del Colegio Universitario de Londres, lleva
tiempo investigando el funcionamiento del cerebro. Junto a su equipo
encontraron que existe una relación directa entre el número de amigos
que una persona tiene en Facebook y el tamaño de ciertas regiones del
cerebro, lo que eleva la posibilidad de que el uso de redes sociales
pueda cambiar este órgano.
Para llegar a esta conclusión escanearon el cerebro de
125 estudiantes universitarios usuarios de Facebook y compararon los
resultados con el tamaño de sus grupos de amigos, tanto en la red como
en el mundo real. Entrevistado por La Nacion, explica: "Concluimos que
cuantos más amigos tenía una persona en esta red social, mayor era su
volumen de materia gris en cuatro regiones del cerebro, entre ellas la
amígdala, asociada a la respuesta emocional y la memoria, así como otras
zonas clave para identificar las señales que se producen durante la
comunicación con otras personas".
El espesor de la materia gris en la amígdala también se
vinculó con el número de amigos que tenía la gente en el mundo real,
pero el tamaño de las otras tres regiones parecía estar correlacionado
sólo con las conexiones online.
"Creo que la razón por la cual se encontró dicha
correlación entre el número de amigos de Facebook y lo que sucede en
varias regiones del cerebro tiene que ver con el impacto de la actividad
social online de las personas, que podría reflejar su nivel de
sociabilidad general o de extroversión. Las redes sociales son
enormemente influyentes, pero todavía conocemos muy poco sobre el
impacto que tienen en nuestros cerebros", reconoce Kanai, y agrega que a
pesar de los estudios realizados, hasta ahora no es posible afirmar si
tener más contactos en Facebook hace más grandes determinadas partes del
cerebro, o si algunas personas están simplemente predispuestas para
tener más amigos.
Mark Mapstone, de la Universidad del Rochester Medical Center en Rochester, Nueva York, Estados Unidos. Foto: LA NACION
Está claro que las nuevas tecnologías no atrofian el
cerebro, como muchos creen. De todos modos, los entrevistados enfatizan
que son herramientas para realizar determinadas acciones, y no deben ser
utilizadas como un fin en sí mismo.
Al ritmo al que avanzan las tecnologías parece
imposible prever cómo funcionará nuestro cerebro en sólo 20 años. "Este
órgano tiene una gran capacidad de adaptación. Es mentira que tenemos
zonas del cerebro que no se usan. Todo lo que tenemos lo usamos y todo
se adapta para una mejor interacción con el mundo", concluye el Dr.
Allegri.
Si bien hay en marcha diversos estudios científicos al
respecto, para la Dra. Alba Richaudeau no es posible aún probar
científicamente cómo se están dando esos cambios: "Las investigaciones
demandan tiempo y los avances tecnológicos avanzan a una velocidad
superior. Tenemos la impresión de que Internet impacta en el
funcionamiento cerebral, pero todavía no hay resultados concluyentes.
Entonces, si bien ya hay ciertos estudios que dan cuenta de cómo el
cerebro se está adaptando al nuevo medio, lo cierto es que aún hay mucho
por investigar".
En definitiva, como dice el
neuropsicólogo Mark Mapstone, de la Universidad del Rochester Medical
Center de Rochester, Nueva York, Estados Unidos, al ser consultado por
La Nacion: "El hombre se ha centrado en la tecnología desde los albores
de los tiempos. Controlar el fuego, inventar la rueda y desarrollar el
lenguaje escrito son sólo algunos ejemplos de lo que ha sido la
evolución. Los humanos somos animales de adaptación, y en este contexto
utilizamos la tecnología para que la especie continúe avanzando".