Un yogui consulta su móvil en la India.| Gurinder Osan
Crece el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono: nomofobia
Consultamos el móvil una media de 34 veces al día
Los teléfonos inteligentes han disparado el problema, sobre todo en jóvenes
María Valerio | Madrid
¿Es usted de los que regresa a medio camino si se le olvida el móvil
en casa? ¿De los que no lo apaga ni para entrar al cine y lo consulta si
nota la vibración durante la película? ¿Se lo lleva consigo al baño? Si
ha respondido afirmativamente a todas estas preguntas es más que
probable que sufra nomofobia, un miedo irracional a vivir con el
teléfono apagado.
Algunas encuestas cifran entre el 53% y el 66% el porcentaje de
españoles aquejados de este nuevo miedo irracional que, según datos del Centro de Estudio Especializados en Trastornos de Ansiedad, ha aumentado un 13% en los últimos años debido a la expansión de los teléfonos inteligentes.
"La dependencia del móvil es un fenómeno social", admite el psicólogo
Javier Garcés, experto en Psicología del Consumo y sus adicciones.
"Hemos creado una sociedad en la que se necesita el móvil para todo, los
padres les dicen a sus hijos que llamen cuando lleguen a un sitio,
tenemos que estar localizados en todo momento, en la calle ya no hay
cabinas...".
Por eso, admite, es difícil distinguir esta dependencia social de una
adicción real. "En los casos patológicos, en los que esa dependencia
genera ataques de ansiedad, pánico, irritabilidad... la diferencia está
clara. Pero en los 'pequeños' ataques de ansiedad la diferencia no lo es
tanto", reconoce. "La nomofobia no está catalogada como trastorno
psicológico como tal, ni siquiera lo está todavía la adicción al móvil",
aclara por su parte José Antonio Molina, psicólogo responsabe de psicohealth.com; "eso no quiere decir que el cuadro no exista, y que dentro de unos años lo estemos tratando en las consultas".
A su juicio, la nomofobia sería un síntoma más a valorar dentro de un
cuadro adictivo, en el que cita algunos signos de alerta más. "Como
pasar cada vez más tiempo conectados, perder el control, que el hábito
empiece a generar consecuencias negativas, repercusiones económicas,
cuadros depresivos y, finalmente, síndrome de abstinencia". Es decir,
nomofobia o nerviosismo al estar separados del aparato.
Sin batería, sin saldo...
La llamada nomofobia (un término derivado del inglés, no-mobile-phone
phobia) es una parte más de esas nuevas adicciones tecnológicas,
admiten los especialistas, en las que los límites cada vez están más
difuminados. Antes, aclara Garcés, se distinguía el 'enganche' al móvil,
a internet, a los videojuegos... Pero la llegada de los teléfonos
inteligentes, que permiten tener todo junto en el bolsillo, está
difuminando estos límites.
De hecho, aplicaciones de mensajes instantáneos, como WhatsApp, está
detrás del aumento de la nomofobia, especialmente entre los jóvenes, el
grupo de edad más afectado por este problema. "Precisamente estamos
viendo que el problema de adicción al móvil se da en personas que no
esperan necesariamente una llamada importante (por motivos de trabajo,
por ejemplo); sino en sujetos que desarrollan una relación no utilitaria
con el teléfono".
Esa preocupación por estar desconectado se traduce en un mirar
constantemente el aparato (una media de 34 veces al día, según datos de
la empresa SecurEnvoy), en no apagarlo nunca, no poder dejárselo
olvidado en casa, en tener que contestar inmediatamente cualquier
llamada o mensaje entrante, revisar a cada minuto el nivel de batería...
Esta misma compañía descubrió el 75% se acompañaba del celular en sus
visitas al servicio.
En el Reino Unido, una encuesta realizada por YouGov
elevaba el porcentaje de nomofóbicos al 85% (e incluso al 98% en el
caso de las mujeres). Según este análisis, el 83% respondió que el
principal motivo de ansiedad cuando tenía el móvil apagado era por no
poder tener contacto con familia y amigos.
Según diversos análisis, el mayor riesgo está en la población de 18 a
25 años (en este grupo, sólo el 2% usa el teléfono exclusivamente para
hablar), aunque los psicólogos parecen coincidir en que existen ciertas
personalidades adictivas, con mayor tendencia a sufrir este tipo de
problemas. "Personas con déficit de habilidades sociales, que se sienten
más cómodos interactuando con los demás a través de la tecnología, con
cuadros depresivos...", apunta Molina. En los casos más graves, la
nomofobia y otras adicciones tecnológicas pueden llegar a interferir con
la calidad del sueño.
La Nación entrevistó a científicos de la Argentina,
Estados Unidos e Inglaterra para determinar si es cierto, como se ha
afirmado durante años, que las nuevas tecnologías afectan nuestras
funciones intelectuales, y cómo lo hacen. La respuesta es asombrosa.
Por Débora Slotnisky| LANACION.com
Según la teoría de la evolución, el hombre está en
constante cambio. Aunque muchas veces sea imperceptible, las
modificaciones se van dando en función del entorno.
Con la masificación de Internet, las redes sociales, la
telefonía celular, la cotidianidad se ha visto radicalmente modificada
durante los últimos años. Por ejemplo, antes recordábamos con facilidad
muchísimos números telefónicos, y ahora no es disparatado encontrar
hasta nuestro propio número agendado en nuestro celular.
El Prof. Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología
Cognitiva de Fleni e investigador independiente del Conicet, explica
este fenómeno: "Las nuevas tecnologías cambian paradigmas. De esta
manera, las formas de procesamiento que eran habituales en generaciones
anteriores se alteran; es decir, si en el pasado el procesamiento de la
información era más lineal, actualmente es en paralelo, por eso una
persona puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones a través de
Twitter, SMS y chat, sin inconvenientes".
Plástico como el cerebro
"La ortografía y escritura también se están alterando, y
esto se evidencia a simple vista cuando se observa cómo escriben los
más jóvenes. Esto no quiere decir que estén mermando las capacidades
lingüísticas, simplemente hay un cambio comparado con el pasado",
ejemplifica la Dra. Alba Richaudeau, neuropsicóloga del Hospital Austral
y del Instituto Argentino de Psicología Aplicada (Iapsa).
Por su parte, la Dra. Tracy Alloway, experta en
psicología cognitiva de la Universidad de Stirling, en Escocia, realizó
un estudio para analizar el impacto de las aplicaciones tecnológicas en
la memoria del trabajo , es decir, los procesos cerebrales
involucrados en retener información durante un período corto y cómo
manipulamos esta información. Esta memoria, además de almacenar los
recuerdos, nos ayuda a utilizarlos para relacionar datos y resolver
problemas.
Dra.
Alba Richaudeau, neuropsicóloga del Hospital Austral y el Instituto
Argentino de Psicología Aplicada (Iapsa). Foto: LA NACION / Hernán
Zenteno
"Los cerebros de los niños, por
su relación con las nuevas tecnologías y por la evolución propia del
hombre, tienen diferencias respecto de los cerebros de las generaciones
anteriores, por eso es indispensable cambiar el sistema educativo, que
está prácticamente obsoleto. Nosotros aprendimos acumulando datos y lo
valioso era saber muchas cosas. Sin embargo, hoy los datos están
accesibles todo el tiempo, de modo tal que ya no es un valor para el
cerebro el acumular información", sostiene la Dra. Alba Richaudeau,
neuropsicóloga del Hospital Austral y el Instituto Argentino de
Psicología Aplicada (Iapsa).
A tal fin, Alloway reunió a 104 estudiantes
universitarios y a 284 adultos, de entre 18 y 30 años. A esos dos grupos
los dividió en dos equipos. Por un lado, los que llevaban más de 12
meses usando Facebook y por el otro, los que contaban con menos tiempo
en esa red social. Se sometió a todos los participantes a distintas
pruebas vinculadas con la memoria y el lenguaje. Los resultados
obtenidos indican que los del primer grupo tuvieron una mayor puntuación
en todas las pruebas en comparación con los del segundo.
"De esta manera pudimos observar que el acto de
comprobar el estado de un amigo y sus actualizaciones en Facebook fue un
importante predictor del coeficiente intelectual verbal. Esto es así
porque cuando una persona está usando Facebook tiene que tener en cuenta
la nueva información de su amigo (es decir, el estado de actualización)
y descartar el conocimiento previo acerca de dicho individuo. De esta
manera es posible que usar Facebook sirva para aumentar las capacidades
cognitivas como la memoria de trabajo y el coeficiente intelectual
verbal", dijo en diálogo con La Nacion.
Además, Alloway está analizando
el impacto de aplicaciones populares como YouTube y Twitter en la
memoria de trabajo. Según los primeros resultados del estudio, tales
aplicaciones estarían disminuyendo dicha habilidad: "Mis conclusiones
indican que estas herramientas podrían estar perjudicando las
capacidades del ser humano, que existe la posibilidad de que este tipo
de tecnología pueda dañar nuestra memoria de trabajo ya que nos insta a
realizar actividades muy breves y cortas. Con Twitter, que se basa en
mensajes de 140 caracteres, utilizamos muy poca información en cada
mensaje. De esta manera no estamos usando la memoria ni la capacidad del
lenguaje tal como lo hacíamos en el pasado, y lo mismo sucede con el
uso de los mensajes de texto. Por otro lado, cuando una persona está
usando Facebook tiene que tener en cuenta la nueva información de su
amigo (que sería el estado de actualización), y descartar el
conocimiento previo acerca de dicha persona. De esta manera es posible
que el acto de usar Facebook sirva para aumentar las capacidades
cognitivas como la memoria de trabajo y el coeficiente intelectual
verbal", sostiene.
Dra. Marcela Cohen, neuróloga de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina. Foto: LA NACION / Ignacio Colo
Con respecto a estas conclusiones, el médico de Fleni
advierte: "Si uno evalúa las funciones cognitivas en forma aislada,
puede decir que el impacto es positivo o negativo. Por ejemplo, si
analizo el efecto de los buscadores de Internet puedo afirmar que
alteran de alguna manera nuestro cerebro, ya que la memoria episódica
(que es un sistema de memoria explícita y declarativa que se utiliza
para recordar experiencias personales enmarcadas en nuestro propio
contexto, como es el hecho de recordar números de teléfonos) se vuelve
menos efectiva que antes, pero si lo analizo en el nivel global, sin
duda se trata de un impacto positivo, porque rescato que las redes
sociales como Facebook nos facilitan la memoria operativa porque nos
permite interrelacionar situaciones, mientras que Twitter, por sus
características de instantaneidad y linealidad, pone al cerebro en
contacto con infinidad de personas que discuten una misma información".
En este sentido, una investigación publicada en la revista Science
a mediados de 2011 sugiere que cuando las personas confían en tener
acceso futuro a la información tienen menor recuerdo de los datos, pero
mayor de la fuente de esa información. Este estudio asegura que Internet
se ha convertido en la fuente primaria de memoria externa. Al respecto,
el experto de Fleni opina: "Estamos ante un problema si la actividad
que antes tenía el cerebro ahora se la delegamos a los aparatos, dejando
al órgano inactivo. Pero si descargo parte de mi memoria en Internet
para poder usar mis capacidades para interactuar y procesar diversas
informaciones, entonces el efecto es positivo. Antes teníamos una
capacidad mucho más limitada para ubicar y manejar información. Ahora
tenemos más acceso y mayor capacidad para procesar y relacionar mucha
información. Definitivamente, no es que el cerebro deja de trabajar,
sino que lo hace de otra manera".
El Efecto Google
Los motores de búsqueda tienen un impacto fundamental
en el funcionamiento de nuestro cerebro. Los expertos denominan Efecto
Google al fenómeno por el cual la población ha comenzado a utilizar
Internet como su banco de datos. De esta manera, las computadoras y los
buscadores se han convertido en una especie de sistema de memoria
externa al que puede accederse a voluntad del usuario y al que la
memoria humana se está adaptando.
"Este alejamiento de la memorización en última
instancia puede ayudar a la gente a mejorar su comprensión, porque la
memoria es mucho más que la memorización, y el Efecto Google nos permite
liberar más espacio en nuestros cerebros para orientarlo más al
procesamiento de información", asegura Alloway.
Prof.
Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva de Fleni e
investigador independiente del Conicet. Foto: LA NACION / Diego
Spivacow/AFV
"Cuando usamos el GPS dejamos de estimular nuestro cerebro para crear una estrategia para desplazarnos de un punto a otro". , subraya la Dra. Marcela Cohen, neuróloga de la Clínica y Maternidad Suizo Argentina.
"Está claro que hoy, el Efecto Google es la forma
actual de acopio de datos. Si bien puede verse como detrimento para el
ejercicio de la memoria, desarrolla otras áreas como la creatividad y
asociación rápida, y la posibilidad de realizar lecturas simultáneas. El
acceso instantáneo a la información variada permite la comparación, la
asociación de ideas, y estimula la flexibilidad cognitiva mediante la
utilización de juegos y programas informáticos. El cerebro tiene muchas
funciones, una es la memoria. Si bien ésta es la que parece descansar
en el nuevo escenario, otras como la rapidez visual y motora, la
deducción, la concentración y la atención utilizadas en Internet son
propiciadas como una forma de gimnasia cerebral", destaca la Dra.
Marcela Cohen.
Mentalmente social
Casi el 40% de los argentinos tiene una cuenta en
Facebook, según un reciente estudio de la consultora eMarketer, que
vaticina que para 2014 existirán 17 millones de personas registradas en
esta red social. Con estos datos, el país se coloca como el tercero a
nivel mundial con mayor penetración y como líder en América latina.
"Hay evidencia de que los individuos que están más
conectados socialmente pueden retrasar la pérdida de memoria en la edad
avanzada", dice Alloway, y explica que, por ejemplo con el uso de
Facebook, la memoria de trabajo puede ser estimulada y mejorada a
cualquier edad, obteniendo un impacto enorme en las capacidades
cognitivas y de aprendizaje.
"Las nuevas tecnologías cambian
paradigmas. De esta manera, las formas de procesamiento que eran
habituales en generaciones anteriores empiezan a cambiar, es decir, si
en el pasado el procesamiento de la información era más lineal, hoy el
cerebro trabaja de otra manera, por eso las conversaciones hoy no son
lineales, sino que se dan en paralelo, motivo por el cual una persona
puede mantener al mismo tiempo varias conversaciones diferentes a través
de Twitter, SMS y chat, sin inconvenientes", advierte el Prof. Dr. Ricardo Allegri, jefe de Neurología Cognitiva de Fleni e investigador independiente del Conicet.
Tracy Alloway, experta en Psicología Cognitiva de la Universidad de Stirling, en Escocia.
El investigador Ryota Kanai, del Instituto de
Neurociencias Cognitivas del Colegio Universitario de Londres, lleva
tiempo investigando el funcionamiento del cerebro. Junto a su equipo
encontraron que existe una relación directa entre el número de amigos
que una persona tiene en Facebook y el tamaño de ciertas regiones del
cerebro, lo que eleva la posibilidad de que el uso de redes sociales
pueda cambiar este órgano.
Para llegar a esta conclusión escanearon el cerebro de
125 estudiantes universitarios usuarios de Facebook y compararon los
resultados con el tamaño de sus grupos de amigos, tanto en la red como
en el mundo real. Entrevistado por La Nacion, explica: "Concluimos que
cuantos más amigos tenía una persona en esta red social, mayor era su
volumen de materia gris en cuatro regiones del cerebro, entre ellas la
amígdala, asociada a la respuesta emocional y la memoria, así como otras
zonas clave para identificar las señales que se producen durante la
comunicación con otras personas".
El espesor de la materia gris en la amígdala también se
vinculó con el número de amigos que tenía la gente en el mundo real,
pero el tamaño de las otras tres regiones parecía estar correlacionado
sólo con las conexiones online.
"Creo que la razón por la cual se encontró dicha
correlación entre el número de amigos de Facebook y lo que sucede en
varias regiones del cerebro tiene que ver con el impacto de la actividad
social online de las personas, que podría reflejar su nivel de
sociabilidad general o de extroversión. Las redes sociales son
enormemente influyentes, pero todavía conocemos muy poco sobre el
impacto que tienen en nuestros cerebros", reconoce Kanai, y agrega que a
pesar de los estudios realizados, hasta ahora no es posible afirmar si
tener más contactos en Facebook hace más grandes determinadas partes del
cerebro, o si algunas personas están simplemente predispuestas para
tener más amigos.
Mark Mapstone, de la Universidad del Rochester Medical Center en Rochester, Nueva York, Estados Unidos. Foto: LA NACION
Está claro que las nuevas tecnologías no atrofian el
cerebro, como muchos creen. De todos modos, los entrevistados enfatizan
que son herramientas para realizar determinadas acciones, y no deben ser
utilizadas como un fin en sí mismo.
Al ritmo al que avanzan las tecnologías parece
imposible prever cómo funcionará nuestro cerebro en sólo 20 años. "Este
órgano tiene una gran capacidad de adaptación. Es mentira que tenemos
zonas del cerebro que no se usan. Todo lo que tenemos lo usamos y todo
se adapta para una mejor interacción con el mundo", concluye el Dr.
Allegri.
Si bien hay en marcha diversos estudios científicos al
respecto, para la Dra. Alba Richaudeau no es posible aún probar
científicamente cómo se están dando esos cambios: "Las investigaciones
demandan tiempo y los avances tecnológicos avanzan a una velocidad
superior. Tenemos la impresión de que Internet impacta en el
funcionamiento cerebral, pero todavía no hay resultados concluyentes.
Entonces, si bien ya hay ciertos estudios que dan cuenta de cómo el
cerebro se está adaptando al nuevo medio, lo cierto es que aún hay mucho
por investigar".
En definitiva, como dice el
neuropsicólogo Mark Mapstone, de la Universidad del Rochester Medical
Center de Rochester, Nueva York, Estados Unidos, al ser consultado por
La Nacion: "El hombre se ha centrado en la tecnología desde los albores
de los tiempos. Controlar el fuego, inventar la rueda y desarrollar el
lenguaje escrito son sólo algunos ejemplos de lo que ha sido la
evolución. Los humanos somos animales de adaptación, y en este contexto
utilizamos la tecnología para que la especie continúe avanzando".
* El SPARX es un videojuego que utiliza un entorno de fantasía en 3D
* Enseña técnicas para controlar los síntomas depresivos
* El tratamiento dura entre cuatro y siete semanas
Patricia Matey | Madrid
ELMUNDO.es
Cada año entre el 1% y el 6% de los adolescentes del mundo padecen depresión, pero la mayoría de ellos no tiene un diagnóstico y, consecuentemente, no recibe tratamiento. Sin embargo, una terapia informatizada, un videojuego, puede ser una buena elección para este colectivo tan familiarizado con los ordenadores. Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de científicos de Nueva Zelanda tras realizar una investigación, y cuyos resultados se publican en el último 'British Medical Journal'.
Sally Merry, de la Universidad de Auckland, declara a ELMUNDO.es: "Tenemos algo que poder ofrecer a los jóvenes con depresión. Un tipo de intervención con la que disfrutan y además es eficaz".
El trabajo ha sido llevado a cabo con 187 adolescentes de entre 12 y 18 años que acudieron a 24 centros de atención primaria de Nueva Zelanda por síntomas depresivos. Todos se sometieron a pruebas psicológicas para evaluar su gravedad y, posteriormente, fueron divididos en dos grupos. La mitad de ellos (94) se asignó al grupo de terapia con el videojuego, mientras que el resto (93) siguió los tratamientos tradicionales, en consulta.
Elegir un avatar
El 'SPARX' es un programa informático de autoayuda para personas jóvenes con síntomas de depresión que utiliza un entorno de fantasía, juegos en 3D y una banda sonora hecha a medida. El programa enseña técnicas para controlar los síntomas de la depresión, en un formato de aprendizaje autodirigido.
Al mismo tiempo, los jóvenes aprenden las técnicas de la terapia cognitivo-conductual para tratar los síntomas (por ejemplo, hacer frente a los pensamientos negativos, resolución de problemas, planificación de la actividad y la relajación). El programa se puede utilizar con un mínimo de supervisión y en él los usuarios pueden personalizar su avatar y el viaje a las siete provincias, cada una con un conjunto único de desafíos y puzles, detallan los investigadores.
"El tiempo necesario para hacer el SPARX es de 30 a 40 minutos por módulo, con un tiempo total de duración de la terapia de cuatro a siete semanas. Lo más positivo del programa es que está directamente a disposición de los jóvenes para que ellos trabajen su problema", destaca la investigadora principal.
Los resultados
Una vez finalizado el juego, todos los jóvenes fueron evaluados a través de varios tests psicológicos. Los datos revelan que el "SPARX fue tan eficaz o más que la atención habitual a la hora de reducir los síntomas de depresión y ansiedad en por lo menos un tercio", detallan los investigadores.
Además, un 44% del grupo que siguió el videojuego se recuperó completamente en comparación con 26% de los que siguieron la terapia habitual. Además, es importante que el 95% de los usuarios del SPARX se mostró satisfecho con esta fórmula y hasta un 81% reconoció que se lo recomendaría a algún amigo. "No obstante, la satisfacción fue igual de elevada en el grupo que siguió el tratamiento convencional", determinan los investigadores.
La terapia cognitivo conductual informatizada SPARX es un "recurso eficaz para los adolescentes con depresión que buscan ayuda en atención primaria. El uso del programa resultó en una reducción clínicamente significativa en la depresión, la ansiedad y la desesperanza y una mejora en la calidad de la vida. Los resultados son mejores si se considera que SPARX es totalmente un recurso de autoayuda. El único contacto con el médico fue al inicio (cuando se acude al centro de salud) y, posteriormente, a través del teléfono pasado un mes del tratamiento", concluye el ensayo.
Además, los efectos del tratamiento persistieron durante tres meses después del programa, que fue más eficaz para "aquéllos que en un principio estaban más deprimidos. La intervención es al menos tan buena como el tratamiento habitual para atención primaria, pero sería más barata y más fácil difundir", agregan los investigadores.
Una vacuna a base de anticuerpos
que disuelve los depósitos de grasa en las arterias para combatir la
ateroesclerosis -uno de los principales factores de riesgo de infarto-
podría estar disponible en los próximos años.
La vacuna, desarrollada por investigadores en Suecia y Estados Unidos, fue presentada durante la conferencia Frontiers in CardioVascular Biology
(Fronteras en Biología Cardiovascular) organizada por la Sociedad
Europea de Cardiología (ESC) en el Imperial College de Londres.
Tal como explicaron los científicos, esta
inyección podría cambiar las estrategias para combatir las enfermedades
cardiovasculares, atacando de forma directa sus causas subyacentes.
Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo.
Cada año mueren a causa de ellas más de 17 millones de personas, principalmente en los países de bajos y medianos ingresos.
Causa principal
La ateroesclerosis se produce cuando la
acumulación de grasa en las arterias provoca un estrechamiento y
reducción del flujo de oxigeno al corazón, lo que puede conducir a un
infarto.
Actualmente, las estrategias de prevención de
ateroesclerosis están basadas casi exclusivamente en la reducción de los
factores de riesgo, como los niveles altos de colesterol, el control de
la presión arterial y glucosa en la sangre.
Pero ahora se están probando varias vacunas para combatir ese riesgo atacando la causa principal.
Tal como explicaron los científicos, los
estudios con animales demostraron que las inyecciones de anticuerpos
lograron evitar la acumulación de grasa en las arterias.
El profesor Jan Nilsson de la Universidad de
Lund, quien está dirigiendo una de las investigaciones, explicó que las
pruebas han demostrado que los anticuerpos pueden alterar la forma como
el sistema inmune reacciona a los depósitos de grasa en las arterias.
Esto reduce la inflamación y la severidad de la acumulación.
Según el investigador, si se confirman los resultados en humanos una vacuna podría estar disponible en los próximos cinco años.
"Los tratamientos actuales sólo reducen en 40%
el riesgo de que un paciente desarrolle enfermedades cardiovasculares"
afirma el científico.
"Aunque estos resultados son alentadores, no debe olvidarse que casi el 60% de estos trastornos continúan ocurriendo" agrega.
"Las personas que están en riesgo de infarto al
miocardio probablemente serán los primeros candidatos para probar este
nuevo enfoque inmunológico".
"Como estos tratamientos son medidas preventivas
totalmente diferentes, podrán ser utilizadas junto con las actuales
terapias", dice el profesor Nilsson.
La vacuna, que está siendo desarrollada
conjuntamente con Prediman Shah del Instituto de Corazón Cedars-Sinai,
en Los Ángeles, logró en experimentos con ratones reducir en entre 60 y
70% la acumulación de grasa en las arterias de los animales.
Según los científicos actualmente se están
desarrollando dos versiones del tratamiento usando los mismos
materiales, una inyección y un espray nasal.
Y también están trabajando en un enfoque para
inyectar directamente anticuerpos para combatir el llamado colesterol
malo (lipoproteína de baja densidad o LDL) en la sangre, el cual forma
la base de los depósitos de grasa en las arterias.
"El fundamento es que ya que el LDL juega un
papel muy importante en el desarrollo de placas ateroescleróticas y los
dañinos procesos inflamatorios, combatiendo directamente el LDL deberá
evitar la formación de placas y reducir la inflamación" explica el
profesor Nilsson.
Los resultados de los estudios preliminares
presentados en la conferencia mostraron que el anticuerpo redujo en 50%
las placas de grasa y fue bien tolerada en los 80 voluntarios sanos que
participaron.
Tal como señalaron los investigadores
actualmente se está llevando a cabo la segunda fase de los ensayos
clínicos en 20 centros médicos de Estados Unidos y Canadá.
* El estrés altera la respuesta de las células inmunes que regula la inflamación * El proceso inflamatorio juega un papel en la aparición de muchos trastornos
Ángeles López | Madrid
ELMUNDO.es
Ir siempre corriendo de un sitio a otro, vivir angustiados por llegar a final de mes, sufrir la enfermedad de un ser querido... Son situaciones que generan un estrés crónico y que cada vez más se reproducen en la sociedad actual. Son muchos los estudios que han relacionado este tipo de angustia con un mayor riesgo de sufrir una enfermedad cardiaca, autoinmune o una infección. Pero, ¿cuál es el proceso por el que el estrés merma la salud? Parece que la clave está en una alteración de la respuesta inflamatoria.
Se sabe que en una situación de estrés puntual, nuestro organismo responde generando una mayor producción de una hormona, el cortisol. Sin embargo, ¿ocurre lo mismo cuando se trata de una tensión prolongada? "La sencilla noción de que el estrés crónico actúe mediante el efecto directo de un aumento de cortisol en sangre es cada vez menos aceptada. Lo que más importa es cómo los tejidos responden al cortisol, más que los niveles de la hormona por sí mismos", señalan un grupo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh, EEUU) en su trabajo, publicado en la revista 'Proceeding of the National Academy of Sciences' (PNAS).
Estudios previos de estos autores habían demostrado que el estrés crónico está asociado con un aumento de la susceptibilidad a tener un resfriado entre aquellas personas que han estado expuestas a un virus respiratorio. Sin embargo, en ellas, los niveles de cortisol no jugaron un papel determinante, pero hasta ahora no se había evaluado cómo la hormona influye en la respuesta inflamatoria, en concreto sobre los receptores de los glucocorticoides, encargados de regular los genes implicados en la respuesta inmune (el sistema defensivo del cuerpo humano).
Más propensos al resfriado
En un primer estudio, estos investigadores expusieron a 276 adultos a un virus responsable del resfriado común y los vigilaron a lo largo de cinco días para detectar signos de infección y enfermedad. Lo que comprobaron fue que en aquellos que habían estado sometidos a un estrés crónico sus células inmunes eran incapaces de responder a las señales hormonales que normalmente regulan la inflamación y, por lo tanto, fueron más propensos a sufrir un resfriado.
En un segundo estudio, se valoró la capacidad de 79 participantes sanos para regular la respuesta inflamatoria. De nuevo se utilizó la exposición a un virus del resfriado y se vigiló la producción de citocinas proinflamatorias, sustancias involucradas en la estimulación de la producción y liberación de otros mediadores proinflamatorios. Quienes fueron menos capaces de regular la respuesta inflamatoria, como se valoró antes de estar en contacto con el virus, produjeron más citocinas que inducen la inflamación, una vez que estas personas estuvieron expuestas al patógeno.
Incapaz de regular la inflamación
"La inflamación está en parte regulada por la hormona del cortisol y cuando ésta no desarrolla bien su función, la inflamación queda fuera de control [...] La capacidad del sistema inmunológico de regular la inflamación predijo [en este estudio] quién desarrollará un resfriado, pero lo más importante es que ofrece una explicación a cómo el estrés promueve una enfermedad", explica Sheldon Cohen, profesor de Psicología de la Universidad Carnegie Mellon y principal investigador del estudio.
"En situaciones de estrés, las células del sistema inmune son incapaces de responder al control hormonal, y consecuentemente, producen niveles de inflamación que conducen a una enfermedad. Porque la inflamación juega un papel en muchas patologías como la cardiovascular, el asma y los trastornos autoinmunes. Este modelo sugiere por qué el estrés les impacta tanto", señala Cohen.