miércoles

Científicos estudian miedo; buscan formas de controlar ansiedad

Por SETH BORENSTEIN
© 2007 The Associated Press

Fuente: chron.com

Los científicos están comprendiendo mejor lo que ocurre en el cerebro de una persona cuando se asusta, y cconsideran que entender la forma en que el miedo nos hace reaccionar puede derivar en tratamientos para enfrentar un grave problema médico: Cómo controlar el temor irracional.

"Estamos logrando muchos progresos", dijo Stephen Maren, profesor de psicología en la Universidad de Michigan. "Tomamos todo lo que hemos aprendido de los estudios básicos en animales y lo llevamos a las prácticas clínicas que pueden ayudar a la gente. La información comienza a encajar en una forma muy importante".

El miedo es básicamente una emoción primaria, crucial para la supervivencia y la evolución. Tanto los humanos como los animales la experimentan. La genética tiene una función pertinente en el desarrollo del miedo abrumador e innecesario, según los psicólogos. Sin embargo, también las experiencias traumáticas inciden en ello.

"El miedo es algo muy curioso", dijo Ted Abel, investigador de la Universidad de Pensilvania. "Uno necesita una dosis suficiente de él, pero no demasiado".

Armi Rowe, escritora y madre de familia en Connecticut, relata que era antes una persona capaz de permanecer tranquila bajo presión. No dudaba en esquiar por la ladera peligrosa de una montaña nevada.

Pero un día, mientras un par de familiares cercanos estaban muy enfermos, Rowe sintió un ataque de pánico cuando conducía un vehículo sola. Experimentó un dolor que le oprimía el pecho y llamó al servicio de emergencias.

"El miedo prácticamente me paralizó", dijo.

Fue un ataque de ansiedad, el primero de muchos.

"Existe un truco en el ataque de pánico", dijo David Carbonell, psicólogo de Chicago, especializado en la atención de los desórdenes de ansiedad. "Uno experimenta una gran incomodidad, pero se engaña y trata ese sentimiento como si fuera un peligro".

Actualmente, gracias a la asesoría especializada, los ejercicios de relajación y la introspección, Rowe sabe cómo detener o al menos minimizar esos ataques a tiempo.

Los científicos creen que pueden mejorar el proceso para controlar el miedo si conocen la forma en que esta emoción se transmite por el cerebro y el cuerpo.

El detonador del miedo es la amígdala, una estructura profunda del cerebro, con la forma de una almendra.

La amígdala no es responsable de todas las respuestas de una persona atemorizada, pero es una especie de alarma que conecta con todo lo demás, dijo Elizabeth Phelps, psicóloga y profesora de la Universidad de Nueva York.

Michael Davis, psiquiatra y profesor de la Universidad de Emory, descubrió que cierta reacción química en la amígdala es crucial en la forma en que los ratones y la gente aprenden a superar sus temores. Cuando esa reacción es desactivada en los ratones, nunca aprenden a controlar el miedo.

El trabajo es promisorio, pero Maren advierte: "No es todavía posible tomar una píldora y hacer que esto desaparezca".

Link: http://www.chron.com/disp/story.mpl/sp/us/5258542.html

lunes

Para no dañar su cerebro, déjese llevar por el deseo

Según afirma un estudio canadiense, el autocontrol de las tentaciones y emociones sólo lleva a desgastar las capacidades del pensamiento. Cómo concentrarse en una actividad puede afectar el desempeño en otras

Fuente: INFOBAE.com

Si no logra eliminar todos los hábitos que no son saludables, un nuevo estudio sugiere que podría echarle la culpa al cerebro.

Ceder a la tentación, ya sea un cheesecake, cigarrillos o drogas, es una debilidad humana habitual. Ahora, una nueva investigación la relaciona con un límite en la capacidad cerebral de resistir a la tentación. El autocontrol excesivo, sostienen los autores, desgastaría el cerebro.

El estudio, publicado en la revista Psychological Science, incluyó a 40 estudiantes universitarios, a los que se les registró la actividad cerebral mientras se analizaba su capacidad de autocontrol.

Primero, los estudiantes miraron una película estresante. A la mitad de ellos se les solicitó suprimir las emociones durante la película y no demostrar sus sentimientos. Al resto sólo se le pidió que mirara la película con mucha atención.

Inmediatamente después, a todos los participantes se les realizó una prueba conocida como tarea de stroop. En este test se deben mirar las palabras "rojo" y "verde" escritas en rojo o en verde. Luego hay que identificar los colores en los que están escritas las palabras y no la palabra en sí. Esto exige cierto autocontrol.

Los investigadores les colocaron electrodos a los estudiantes para registrar la actividad cerebral mientras realizaban la prueba. El equipo halló en general que a los estudiantes que habían controlado sus emociones durante la película les fue peor en la prueba. Asimismo, esos estudiantes tuvieron menor actividad en la zona del cerebro llamada corteza del cíngulo anterior (CCA).

"Estos resultados ponen en su justo lugar el autocontrol cerebral", dijo a Reuters Health el autor principal del estudio, el doctor Michael Inzlicht.

"Sugieren que la CCA, una zona del cerebro que tiene una función de supervisión de las violaciones a las normas individuales, tiene sus límites", explicó Inzlicht, de la University of Toronto, en Scarborough, Canadá.

Según Inzlicht, la CCA puede "desbordarse" cuando el cerebro recibe demasiadas tareas de autocontrol, y pierde así un poco de efectividad. En cualquier persona esto se traduciría, por ejemplo, en una mayor cantidad de errores o en una falta de motivación para superar un trabajo difícil.

Inzlicht explicó que, en general, cuando las personas tratan de ponerse ciertas limitaciones, como realizar una dieta, el autocontrol quizás disminuya para otras cuestiones.

Una persona que hace dieta, por ejemplo, podría tener problemas para rechazar un cigarrillo, concentrarse en el trabajo o equilibrar sus emociones.

Claro que, destacó Inzlicht, todos tenemos una capacidad natural de autocontrol distinta. Ponernos ciertos límites en distintas áreas de la vida puede ser fácil para una persona e imposible para otra.

Se necesitan más estudios para comprender por qué las personas tienen distinto nivel de autocontrol y si esa capacidad puede aumentar, opinó Inzlicht.

Link: http://infobae.com/contenidos/345246-100935-0-Para-no-da%F1ar-su-cerebro-d%E9jese-llevar-el-deseo

sábado

Las pesadillas nos ayudan a entender por qué soñamos

Tres de cada cuatro sueños son experiencias negativas

Fuente: LANACION.com

NUEVA YORK.– Todas las evidencias coinciden en que los malos sueños constituyen una experiencia humana universal. A veces ellos son lo suficientemente temibles para despertar a quien los sufre, en cuyo caso entran en la definición formal de pesadilla. Otras veces son, incluso, peores: cuando la persona cree que lo peor del sueño ha terminado, pero está ingresando en “Su más temida pesadilla, capítulo II”.

Pero cualquiera que sea la trama, los investigadores señalan que las pesadillas y los sueños horrendos ofrecen indicios potencialmente elocuentes para develar, en primer lugar, el misterio más profundo de por qué soñamos. También, cómo nuestras vidas, cuando soñamos y cuando estamos despiertos, pueden entrelazarse y gravitar entre sí. Y, lo más desconcertante de todo, cómo nos arreglamos para elaborar una realidad virtual en nuestra mente, un depósito nocturno sensorialmente rico, multidimensional y dotado de personajes tan persuasivos, que uno quiere... estrangular antes de que puedan estrangularlo a uno.

Un importante motivo por el que los malos sueños ayudan a discernir la arquitectura onírica en términos generales es que, como numerosos estudios han demostrado, la mayoría de nuestros sueños son malos. Ya sea que individuos sometidos a un estudio lleven un diario personal de sus sueños en la casa o duerman en laboratorios de investigación y sean periódicamente despertados del sueño a partir del movimiento rápido del ojo (REM) -la etapa más frecuentemente relacionada con el sueño-, los resultados son los mismos: casi el 75% de las emociones descriptas son negativas.

Además, según Robert Stickgold, un investigador del sueño de la Facultad de Medicina de Harvard, somos soñadores ridículamente activos, ya que pasamos entre el 60 y el 70% del período de soñolencia soñando o en un estado semejante al sueño, llamado actividad mental del sueño, que funciona hasta tres horas por noche transcurridas en un estado de ansiedad o frustración mientras llegamos tarde para el examen o caminamos descalzos sobre vidrios rotos porque nuestros zapatos se derritieron.

Sueños adolescentes

El paciente era un hombre de 37 años que de niño había sido violado por su madre esquizofrénica, a menudo, mientras estaba en la cama tratando de dormirse. No obstante, llegó a ser un adulto razonablemente normal y bien remunerado en su trabajo, y pensó que lo peor había quedado atrás. Hasta que una noche se despertó súbitamente y vio en su cuarto a una intrusa que revolvía los cajones del ropero.

Posteriormente, sus pesadillas comenzaron, sueños espantosos y recurrentes en los que la intrusa era una mujer de mediana edad y en los que una cuchilla pendía como una espada de Damocles del ventilador de techo sobre su cabeza.

"Su viejo recuerdo del miedo no se había disipado", afirmó el doctor Ross Levin, psicólogo que investiga el terreno de los sueños en la Yeshiva University, de Nueva York. "Se reactivaron fácilmente -añadió- debido a su trauma reciente." Casi tan repentinamente, plasmaron la base de una pesadilla recurrente. El doctor Levin instó al paciente a reformular el sueño y ensayar alternativas frente a cuchillas oscilantes y un temor paralizante, hasta que finalmente las pesadillas cesaron y el hombre pudo recuperar su anterior condición.

Estudios realizados sobre la base de estadísticas o diarios personales han demostrado que la frecuencia de las pesadillas varía según la edad y el sexo. Los preescolares son relativamente inmunes al mito del cuco, pero no es ése el caso de sus hermanitos mayores. Aproximadamente el 25% de los chicos entre 5 y 12 años señalan que por lo menos una vez por semana se despiertan debido a un mal sueño.

El índice de pesadillas aumenta durante la adolescencia, alcanza el pico máximo entre los adultos jóvenes, y luego, como tantas cosas más en la vida, comienza a disminuir. El individuo promedio de 55 años tiene tres veces menos pesadillas que el individuo promedio de 25 años. A casi cualquier edad, las niñas y las mujeres señalan que tienen considerablemente más pesadillas que los niños y los hombres, hecho que, según algunos investigadores, podría estar relacionado con los porcentajes comparativamente mayores de ansiedad y trastornos del ánimo.

El contenido de las pesadillas también varía con el tiempo y entre distintas culturas. A un joven en los Estados Unidos del siglo XXI tal vez no le importe el ocasional sueño erótico, pero para San Agustín, el filósofo cristiano del siglo IV, "los sueños de naturaleza sexual eran pesadillas", como expresó Kelly Bulkeley, investigador del sueño, invitado en la Graduate Theological Union, de Berkeley, California. "Los consideraba -agregó- amenazas para su fe."

Ciertos factores culturales específicos también pueden incidir en los temas universales. El doctor Bulkeley y sus colegas descubrieron que la pesadilla de ir cayendo al vacío son habituales entre las mujeres de las naciones árabes, quizá por razones metafóricas.

Mientras en gran medida el cuerpo y el cerebro durante el sueño aparentemente se confabulan para permitirnos andar a salvo a través de un siniestro terreno onírico de personajes extravagantes, los científicos que estudian el sueño, en su mayoría, están persuadidos de que soñar tiene un propósito esencial, posible y evolutivamente de adaptación.

En un reciente artículo aparecido en la revista Psychological Bulletin , el doctor Levin, junto con su colega Tore Nielsen, de la Universidad de Montreal, plantearon que soñar servía para crear lo que denominan "recuerdos de la extinción del miedo", recurso que tiene el cerebro de mezclar, desintoxicar y, finalmente, desechar viejos recuerdos temibles, lo mejor para seguir adelante y dar lugar sináptico para cualquier nueva amenaza que pudiera aparecer. "El cerebro aprende pronto a qué tenerle miedo", comentó el doctor Nielsen. "Pero si no hay un control del proceso -prosiguió-, en la adultez tendremos miedo de cosas que temíamos en la niñez."

Los malos sueños comunes y corrientes rara vez recapitulan hechos desagradables de la vida real; antes bien, les extraen partes rescatables para soportes y repuestos, y a través de esa reconfiguración, según explicó el doctor Nielsen, los miedos dejan de ser tales. "Un mal sueño que no provoca que el individuo se despierte es exitoso en lo que respecta a abordar una emoción intensa. Es perturbador, pero en la medida en que no nos despertamos hay una especie de resolución", dijo.

De acuerdo con este escenario, las pesadillas, al permitir que uno escape prematuramente, representan un fracaso del sistema de la "extinción del miedo". "El mal sueño es funcional, las pesadillas son disfuncionales", afirmó Nielsen.

Si uno siente que está cayendo al vacío, que extienda los brazos y aprenda a volar.

Por Natalie Angier
De The New York Times
Traducción: Luis Hugo Pressenda

Link: http://www.lanacion.com.ar/cienciasalud/nota.asp?nota_id=956885&origen=premium

jueves

Un estudio afirma que la privación del sueño causa un 'desenchufe' en el cerebro

Fuente: laverdad.es

Cuando una persona no duerme lo suficiente los centros emocionales del cerebro reaccionan excesivamente a las experiencias negativas, según un estudio que publica esta semana la revista Current Biology. El estudio, dirigido por Matthew Walker, del Laboratorio de Sueño y Neuroimagen en la Universidad de California (Berkeley), proporciona las pruebas del vínculo neural entre la pérdida o privación del sueño y los trastornos psiquiátricos.

La pérdida del sueño conduce a una conducta emocionalmente irracional, según determinaron los investigadores que analizaron, mediante imágenes de resonancia magnética funcionales (fMRI por sus sigla en inglés), qué ocurre en las áreas emocionales del cerebro cuando las personas no han dormido lo suficiente. En cambio, «el sueño parece restaurar nuestros circuitos emocionales en el cerebro, y al hacerlo nos prepara para los retos del día siguiente y las interacciones sociales», añadió. «Lo más importante de este estudio es que demuestra los peligros de no dormir lo suficiente».

«La privación del sueño fractura los mecanismos que regulan aspectos clave de nuestra salud mental», indicó Walker. Los investigadores distribuyeron, al azar, 26 personas sanas en dos grupos, uno que durmió normalmente, y otro en el cual a los participantes se les mantuvo despiertos por unas 35 horas. Al día siguiente se tomaron fMRI de los cerebros de los sujetos. Los centros emocionales del cerebro tuvieron un 60 por ciento más de reacciones en el grupo privado de sueño.

Link: http://www.laverdad.es/murcia/20071023/mas-actualidad/cultura/estudio-afirma-privacion-sueno-200710230820.html

miércoles

Hallan el lugar del cerebro donde nace el optimismo

Determinan cuáles son los circuitos neuronales involucrados

Fuente: LANACION.com

La tendencia tan humana de mirar hacia el futuro con optimismo descansa en lo profundo del cerebro, afirman investigadores de la Universidad de Nueva York, Estados Unidos, que identificaron una red de circuitos cerebrales que se activa cuando nos imaginamos viviendo una vida larga, sana y plena de logros.

"Comprender el optimismo es crítico, ya que se lo relaciona con la salud física y mental. Por otro lado, una visión pesimista está correlacionada con la gravedad de los síntomas de la depresión", declaró la profesora Elizabeth Phelps, directora del laboratorio de la Universidad de Nueva York donde se realizaron los experimentos cuyos resultados publica hoy Nature .

El equipo de Phelps sometió a un grupo de voluntarios a estudios de resonancia magnética funcional para examinar sus cerebros mientras se les pedía que se imaginaran a sí mismos en futuros eventos como "ganar un premio" o "terminar con una relación amorosa".

"Cuando los participantes imaginaban circunstancias positivas, se detectaba una mejora de la activación en el cíngulo anterior y en la amígdala, que son las mismas áreas cerebrales que parecen funcionar mal en la depresión", dijo el doctor Tali Sharot, principal autor del trabajo, que actualmente realiza un posdoctorado en el University College London, en Gran Bretaña.

"Los participantes más optimistas mostraban una mayor actividad en esta región al imaginar eventos futuros positivos", agregó el doctor Sharot.

"Nuestros resultados sugieren que mientras el pasado está cerrado, el futuro está abierto a interpretación, lo que permite a las personas tomar distancia de posibles eventos negativos y acercarse hacia aquellos que son positivos", declaró Phelps por su parte.

Implicancias terapéuticas

"Si bien muchos aspectos de las emociones suceden de forma espontánea, en los útlimos años se ha descubierto que las reacciones emocionales interactúan con otros procesos cognitivos más organizados y planificados (nuestros pensamientos, nuestras intenciones, nuestros planes, etcétera), de modo tal que estos últimos pueden modificar el curso de la respuesta emocional -comenta el doctor Fernando Torrente, jefe de Psicoterapia Cognitiva del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco)-. Por supuesto la interacción es de doble vía, y nuestra emociones a su vez guían y condicionan nuestras decisiones y acciones."

Estudios previos habían hallado que el cíngulo anterior se encontraba involucrado en la regulación de las respuestas emocionales. Este nuevo trabajo sugiere que en los individuos sanos esta región cerebral ayudaría a integrar y regular la información emocional y autobiográfica, permitiendo generar una visión positiva del futuro.

"Desde el punto de vista terapéutico, este trabajo tiene implicancias muy interesantes, pues refuerza la idea de que el modo en que pensamos e interpretamos nuestra realidad se conecta directamente con nuestras vivencias emocionales, y modificando la forma en que pensamos podemos mejorar nuestra experiencia emocional -dice Torrente-. Esto definitivamente apoya la concepción subyacente en los diferentes tratamientos psicoterapéuticos, y en especial los tratamientos basados en la teoría cognitiva. En efecto, según este enfoque, la clave para mejorar diferentes alteraciones emocionales es modificar los pensamientos negativos disfuncionales que las sostienen. O sea que la psicoterapia puede modificar la forma en que funciona nuestro cerebro."

Link: http://www.lanacion.com.ar/cienciasalud/nota.asp?nota_id=955981&origen=premium